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Cómo me hice osteópata

A la edad de 31 años ocupaba un puesto de Contable en el departamento administrativo de una cadena de gimnasios donde ejercía distintas responsabilidades, lo cual me daba la oportunidad de gozar de una situación de desarrollo y aprendizaje constante.

Pero llego el día en que esta ocupación empezó a tornarse rutinaria, con lo que comencé a hacerme preguntas y dudar de que éste fuera mi lugar.

En mi mente empezó a tomar forma la idea de dejarlo todo y replantearme la vida, pero tampoco tenía idea alguna hacia dónde encaminarla, así que para no dejarme llevar precipitadamente por ideas impulsivas, decidí que necesitaba tomarme un tiempo de calma y meditación, así que puse rumbo hacia el Camino de Santiago.

Esta aventura que comenzó en Roncesvalles y finalizó en Burgos, me dio la oportunidad de olvidarme de mis problemas e incertidumbres, y salirme de la inercia marcada por el día a día y el entorno, para cambiarlas por otro tipo de preocupaciones tales como la de pensar en qué iba a comer, dónde iba a dormir, dónde secar la ropa, o la de mantener los pies sanos.

Mientras que mi mente por un lado se iba deshaciendo poco a poco del ritmo incesante de Madrid, por otro comenzaba a nutrirse del contacto con personas venidas de todo el mundo, cada una con sus vivencias y motivaciones particulares.

Pero todo llega a su fin, y había que volver a Madrid… La sorpresa fue la facilidad con la que podía enfrentarme a mis viejas disquisiciones. Ahora podía retomarlas todas y decidir sobre ellas de forma clara y evidente. Así que tomé la decisión de dejar la carrera profesional que hasta ese momento había recorrido con tanto esfuerzo para escapar a Inglaterra con la idea de encontrar por mí mismo las respuestas que me llevaran a descubrir el camino al cual debía consagrar mi vida.

Entre Londres y Brighton discurrieron más de 10 meses de experiencias muy dispares y en las que conocí personas de todas partes del globo terráqueo, que muy lejos de sus propios hogares, luchaban por sus propios sueños con pie firme. Formidables ejemplos con lo que nutrirse mientras se desvanecen rancios prejuicios y nacía un cariño renovado hacia los tuyos.

Aun no había encontrado mi vocación pero aun así sentía que era el momento de volver a Madrid. Fue a la vuelta cuando fui capaz de responder con sinceridad a la pregunta que me había arrojado a romper con mi anterior vida para encontrar otra nueva a través de la respuesta: ser terapeuta.

Fue entonces cuando al echar la vista a atrás, recordé que de pequeño soñaba con ser médico, o que hacía mis láminas de anatomía, o que en la adolescencia empecé a familiarizarme con técnicas de sanación, energías y meditación... Que incluso hacía muy poco que me había planteado la posibilidad de asistir a seminarios de Osteopatía.

Entonces reparas en algo muy curioso y te haces la siguiente pregunta: ¿Me he tenido que ir tan lejos para darme cuenta de algo que tenía tan cerca?

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